Adventures and Reflections from Cathy O'Dowd

Adventures & Reflections
from Cathy O'Dowd

Ambición y determinación son muy importante pero ellos traen un riesgo grande también: la fiebre de la cima.

Una vez caminé por una arista afilada en el cielo. Esa arista continuó durante horas. Pero finalmente miré en todas direcciones y vi que ya no había más montaña. La cima apenas superó el tamaño de una mesa de comedor.

Y durante unos minutos nuestra pequeña expedición de Sudáfrica, del país de sol, surfing y rugby, fuimos las personas más altas de la tierra. Estuvimos sentados en el techo del mundo, en la cima del Everest.

Habíamos escalado durante nueve semanas para llegar hasta aquí. Habíamos sobrevivido lo que hoy se conoce como la peor tormenta en la historia del Everest, una tormenta que se había llevado a ocho alpinistas de otras expediciones. Después de la tormenta todas las otras expediciones nos aconsejan abandonar. Dijeron que se debería cortar por lo sano y volver a casa. Es tentador seguir a la bandada cuando avanzan a la cima, 
y es tentador seguir a la bandada cuando huyen a casa.

Pero, si pudimos sobrevivir la tormenta, quizás podíamos llegar a la cima en buenas condiciones. Quizás… En contra del consejo, decidimos intentar una vez más. El Presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela, nos llamó para animarnos después de nuestra decisión.

Había llamado para decir: “Estoy orgulloso de vosotros por probarlo de nuevo. ¡Yo sé que lo podéis conseguir!” Estuvimos tan motivados. Fuimos a atacar la montaña, conquistar la cima y plantar la bandera.

Y ahora habíamos triunfado!

Todo el mundo estuvo orgulloso de mí, desde mi madre hasta el Presidente Mandela! Qué éxito! Qué ejemplo de coraje y determinación y perseverancia!

De hecho, la cima del Everest es una decepción. Semanas de escalada, meses de preparación, para ver – un montículo de nieve. Además una cosa es llegar a la cima, otra es volver a bajar sanos y salvos. Seis de nosotros llegamos a la cima. Cinco de nosotros llegamos otra vez al campo cuatro.

En veinticuatro horas nuestro triunfo había cambiado a tragedia.

Me doy cuenta que es muy fácil utilizar el Everest como metáfora para alcanzar metas, conquistar cimas. Estamos viviendo en una sociedad enfocada a un objetivo. Medimos nuestro propio éxito, el éxito de cada uno, mediante los objetivos alcanzados. Somos ambiciosos, personas manejadas. Pero, los escaladores hablan de la fiebre de la cima.

Es cuando ansías tanto el alcanzar el objetivo, que empiezas a tomar realmente algunas decisiones equivocadas, con tal de alcanzarla.

Un número desproporcionado de escaladores mueren en el camino de regreso de la cima. Han puesto tanto empeño en llegar a la cima, que no han dejado nada para descender.

Parece muy obvio que conquistar la cumbre es el objetivo primordial de alguna expedición. Y lo es. Pero hay otro objetivo también: llegar vivo a casa. Y se puede perder de vista eso otro objetivo. Esto no es solamente aplicable a expediciones.

Toda empresa que persigue un beneficio a corto plazo, a costa de la integridad a largo plazo, tiene el mismo problema.

Los bancos que dan créditos arriesgados esperando conseguir beneficios rápidos. Los gobiernos que gastan dinero prestado para tener a los votantes contentos.

En la montaña, tú vuelves y los otros llegan a la cima y te llaman un fracasado, te llaman un cobarde. Tú vuelves y todo los demás están muertos y te llaman un gran líder. Y cuando tienes que elegir, no puedes estar seguro. Pero vale más el recuerdo que lo más valiente que puedes hacer a veces es regresar, dejar el reto para otro día.

Necesitamos comparar objetivos inmediatos con metas y planes a largo plazo. Necesitamos saber lo que realmente es importante, no solo ahora, sino dentro de cinco años, dentro de cincuenta años.

La respuesta no está quedarse en casa y no toma ningún riesgo. Sentarse en el sofá tiene sus propios riesgos, desde el depresión hasta el obesidad. Tenemos que reconocer que hay riesgo en todos los aspectos de la vida, todos nosotros moriremos tarde o temprano.

Tomar riesgos parece fundamental al espíritu humano. Superar obstáculos para descubrir nuestro potencial es muy gratificante. Esa curiosidad inquieta, esa pregunta: puede hacerse? es la origen de todos los logros humanos.

Cuando hablo con mis audiencias del mundo de negocio, los digo que no importa lo inmensa que sea la montaña cuando te encuentras a su sombra, no hay ninguna montaña insuperable, que no podamos escalar, y es verdad. Pero porqué quieres escalar una montaña?

Un error grave es intentar un reto como el Everest sin tener una idea clara del porqué quieres hacerlo y lo que esperas lograr. No es un juego, o algo impresionante para tu curriculum. No solucionará todos tus problemas.

Cuando tomo un riesgo calculado, lo hago porque creo que hay una recompensa que vale la pena. Mis veinte años de escalada han enriquecido mi vida de innumerables maneras. Me encanta la escalada, las montañas, un vida de desafío.

El mayor reto en el Everest es una subida sin llevar oxígeno. Pero nunca intentaría hacerlo. Eso no está en mis parámetros de riesgo. Por esa razón nunca seré una alpinista de los mejores del mundo, pero no me importa. Tengo todos mis dedos, tengo salud, y, aún con todo lo que me gustan las montañas, tengo también otros retos en la vida, como compartir estas ideas con ustedes esta noche.

Podemos conseguir grandes retos si establecemos un equilibro entre nuestras ambiciones inmediatas y la fiebre de la cima.

Podemos conseguir grandes retos si lo intentamos desde el conocimiento profundo de porque queremos hacerlo. Que esperamos ganar y porque será beneficioso. No solo aquí, ahora y para nosotros, sino para el futuro y para los demás.

Sanos y salvos en el campo base después de la cima.Sanos y salvos en el campo base después de la cima.

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